martes, 18 de junio de 2013

Cultura – Las Geishas

Como podéis imaginar adoro Japón: su cultura, historia, costumbres y demases, no sólo el manga, el anime o los videojuegos. La historia de las conocidas Geishas siempre me ha fascinado, incrementándose con el libro Memorias de una Geisha (Arthur Golden) e incluyendo además su adaptación cinematográfica. Por ello me hacía ilusión dedicarles un hueco en mi blog. 

Las Geishas siempre han formado parte de la historia del país nipón, siendo especialmente numerosas durante los siglos XVIII y XIX. Su trabajo, aún asociado al comercio sexual por muchos, se encuentra muy alejado de la auténtica realidad, pues la palabra geisha significa artista. Comienzan a prepararse desde muy corta edad, poseen un estilo de vida particular y un nivel de estudios elevado. Complacen a sus clientes brindando compañía y dando juego al arte de la conversación, mostrando su habilidad y destreza en la ceremonia del té, el baile tradicional, el arreglo floral o la música, fuese cantando o tocando instrumentos musicales, como el shamisen, el shakuhachi o el taiko. Se consideran auténticas obras de arte en movimiento.

Es algo curioso pensar que la mayoría de Geishas en el pasado fueron hombres (conocidos como taikomochi), aunque por el año 1800 comenzó a decaer su número. Aún en la actualidad existen, aunque son muy escasos. Las cortesanas brindaban sexo como entretenimiento, pero las geishas, tanto masculinas como femeninas, no usaban sus encantos con ese fin, sino con el propósito de brindar una velada agradable en eventos sociales y acompañando al cliente en todo momento. Existían geishas de ciudad (machi) y geishas de barrio (kuruwa). Mientras las machi trabajaban fuera de los barrios de placer, las kuruwa lo hacían dentro de los dichos. Las Oiran, por otro lado, son las cortesanas o prostitutas que se confunden muchas veces con el concepto de geisha. Hay diferencias evidentes: excesivo maquillaje, adornos en el pelo más exagerados, un kimono más cargado y, por supuesto, las Oiran se colocan el Obi del kimono a delante, para que ella misma pueda desatarlo. Las artistas lo llevan atado a la espalda.

Las geishas empezaban su preparación desde muy temprana edad. Algunas de ellas eran vendidas de pequeñas a las casas de geishas, denominadas okiya (donde se restringía la entrada a los hombres y se encontraban situadas en hanamachi, "ciudad de las flores", parte de la ciudad en la que estaba permitida la estancia de las Geishas), y en la primera etapa viviendo en su nuevo hogar solían hacer las tareas de la casa y obedecer órdenes como sirvientas, por ejemplo vistiendo a las Maiko y Geishas de su okiya. La mayoría de hanamachis se encontraban y se encuentran a día de hoy en Kioto. Algunas Geishas, al alcanzar la madurez, podían vivir de forma independiente en un apartamento.

Cuando comienzan su aprendizaje se les llama Maiko. A diferencia de las Geishas adultas, su aspecto es mucho más vistoso, con un kimono más colorido, una gran cantidad de adornos en el pelo y un Obi alargado, al igual que las mangas, además de zuecos altísimos llamados okobo. Las auténticas Geishas llevan un maquillaje mucho más discreto que cuando eran aprendices, menos adornos en el pelo, un Obi más corto y llevan zoris, una especie de sandalias de madera. Podría decirse que las Maiko tienen un maquillaje que las hace parecer más infantiles, quizás para diferenciarlas de aquellas Geishas que han alcanzado la madurez en su aprendizaje.

Las Geishas son contratadas para asistir a fiestas y eventos sociales, la mayoría de las veces en casas de té o restaurantes japoneses. Aparte de ello, estas artistas solían tener un cliente habitual, su protector o danna, hombre adinerado que podía costearse la compañía de la Geisha y, además, otorgar un aporte financiero a la misma. 

Y aquí quiero aclarar una duda que surgía a partir de la polémica nacida del libro y filme Memorias de una Geisha, pues yo también lo creí en su momento –¡incluso las auténticas Geishas lo desmintieron y criticaron a Golden por ello!–: Se hacía entender que las Geishas solían poner a la venta su virginidad, siendo subastada al mejor postor. Sin embargo, está confirmado y comprobado que esto no es verdad

Algunas Geishas consideraban a su danna como un esposo, llegando a enamorarse de él aún estando éste casado. Una relación que incluso resulta extraña a ojos de los japoneses hoy en día.


Baile tradicional de una Maiko, Four Seasons of Kyoto


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2 comentarios:

  1. A mí también me fascina la cultura japonesa, me ha encantado leer tu post Espe-Yuni!!
    Besinos

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    1. ¡Gracias por comentar! =)

      Y todavía no he terminado con las Geishas, aún me quedan algunas cosas curiosas que contar =P

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